Software a medida 9 min de lectura ·

¿Necesitas un software a medida? 5 señales de que sí

Las cinco situaciones en las que un software a medida compensa: pagas por lo que no usas, se te queda corto o tienes cinco programas sin conectar.

KR
Kevin Rodríguez

Fundador de Urdaia

¿Cuándo necesitas un software a medida?

Cuando puedes señalar el trabajo manual que existe solo porque ninguna herramienta encaja con cómo trabajas. Si tu equipo mantiene un Excel paralelo, copia datos entre programas o apunta cosas en un cuaderno porque el sistema oficial no las contempla, ese trabajo es la factura mensual de no tener el software que necesitas.

Ningún negocio es tan especial como cree, así que la pregunta no se responde mirando lo original que eres. Se responde mirando dónde se te va el tiempo.

Estas son las cinco situaciones que me encuentro. Cuentan por acumulación: con una sola casi nunca compensa desarrollar nada, y a partir de dos o tres la cuenta empieza a salir.

1. Pagas por un programa que no hace exactamente lo que quieres

El programa cubre el 70 % de tu trabajo. El 30 % restante lo tapas tú.

Ese es el coste que no aparece en ninguna factura. Alguien exporta a Excel, cruza dos listados, vuelve a meter el resultado a mano. Y como funciona, nadie lo cuenta como problema.

Para medirlo sin herramientas: durante una semana, apunta cada vez que alguien tenga que salir del programa para terminar una tarea. A dónde va (Excel, WhatsApp, papel, correo) y cuánto tarda. Esa lista es el hueco, y suele sorprender.

Antes de encargar nada, pregunta al fabricante si puede añadir lo que te falta. En muchas ocasiones ya lo tienen resuelto en un plan superior, y otras veces te lo desarrollan ellos por bastante menos de lo que cuesta empezar de cero. Es un correo de dos líneas que puede ahorrarte el proyecto entero.

2. Pagas por funciones que no usas

Esta señal, sola, casi nunca justifica un desarrollo.

Pagar por un módulo de nóminas que no abres nunca molesta, pero cambiar a un plan más pequeño o a otro producto suele salir mucho más barato que construir. Antes de nada, mira si hay un plan inferior que te sirva.

La versión de esta señal que sí cuenta es la del precio por usuario. Cuando pagas una licencia completa por cada persona y la mitad de tu equipo solo entra a consultar una cosa concreta, el coste sube cada vez que contratas a alguien. Ahí el cálculo cambia: no compras un software, alquilas plantilla.

Con un desarrollo propio pagas una vez y añades usuarios sin que la cuota se mueva. Es el caso en el que la cuenta sale antes.

3. Se te queda corto justo donde más lo necesitas

Todos los programas se quedan cortos en algo. Lo que importa es dónde.

Si el límite está en algo accesorio, se aguanta. Si está en el proceso que te da de comer, cada día pierdes algo por ahí.

Un ejemplo del sector en el que trabajo: un taller que hace tratamientos cerámicos necesita saber qué producto lleva cada coche, cuándo se aplicó y cuándo toca la revisión de garantía. Los programas de taller genéricos gestionan reparaciones, no tratamientos con mantenimiento programado. El taller acaba llevando esa parte en una hoja aparte, que es justo la parte por la que el cliente vuelve al año siguiente.

La pregunta útil: ¿el límite está en lo que te diferencia de tu competencia? Si la respuesta es sí, ese hueco te está costando clientes, no solo tiempo.

4. Tienes cinco programas y ninguno habla con los otros

Uno para facturar, otro para las citas, el correo por un lado, el Excel de siempre y el WhatsApp donde de verdad se decide todo.

Cada uno funciona bien. El problema aparece en las costuras: alguien copia de uno a otro, y al copiar se equivoca de vez en cuando. Y hay un coste peor, que es no poder responder a una pregunta sencilla —cuánto has facturado este mes por tipo de servicio— sin cruzar tres sitios a mano.

Aquí conviene frenar antes de encargar un sistema nuevo, porque muchas veces no hace falta. Si las herramientas que usas tienen forma de conectarse entre sí, sale más rápido y más barato conectarlas que sustituirlas. Sobre este caso concreto escribí antes sobre por qué tu equipo copia datos de Gmail a Excel.

El desarrollo a medida entra cuando alguna de las piezas no se deja conectar, o cuando el proceso que las une es tuyo y no existe en ningún sitio.

5. No encuentras nada que se adapte a cómo trabajas

Antes de dar por hecho que no existe, comprueba cómo lo has buscado. Mucha gente busca por el nombre de su sector y descarta programas que le servirían, porque están etiquetados para otro. Un software de reservas para clínicas puede funcionar en una peluquería. Busca por lo que hace, no por a quién se lo venden.

Dicho eso, hay negocios donde de verdad no hay nada. Los que combinan dos cosas suelen ser el caso claro: una residencia canina que además vende pienso y da servicio de peluquería, un taller que alquila vehículos de sustitución. Cada mitad tiene su software y ninguno lleva la otra mitad, así que acabas con dos programas y un Excel para juntarlos.

También pasa con procesos que tienen reglas propias: formas de calcular precios, turnos que dependen de la titulación de cada persona, plazos que cambian según el tipo de cliente.

¿Cuándo no compensa?

Tres situaciones en las que digo que no, aunque me quite trabajo:

Cuando lo que molesta es el precio de la licencia. Si el programa hace lo que necesitas y el problema es que cuesta caro, desarrollar sale peor. Un desarrollo se paga una vez pero se mantiene siempre, y esa cuenta tarda años en darle la vuelta a una suscripción razonable.

Cuando el proceso cambia cada pocos meses. Si todavía estás probando cómo trabajar, congelarlo en un software es caro. Espera a que se asiente.

Cuando el problema es cómo usáis la herramienta. A veces el programa hace lo que hace falta y nadie lo sabe, o se usa a medias porque nunca hubo formación. Antes de sustituirlo, merece la pena mirarlo.

Si lo encargas, no lo encargues entero

El error más caro no es elegir mal el proveedor. Es pedir el sistema completo de una vez.

En la base de datos del Standish Group, con unos 25.000 proyectos de software entre 2011 y 2015, los proyectos pequeños son el 62 % de los que salieron bien y el 11 % de los que fracasaron, mientras que los muy grandes son el 2 % de los éxitos y el 17 % de los fracasos. Son cuotas dentro de cada grupo y no probabilidades: la tabla dice cómo se reparten éxitos y fracasos por tamaño, no qué posibilidades tiene de salir bien un proyecto pequeño. Aun así, la asimetría apunta en una dirección bastante clara. Conviene añadir que esa base es privada y que su metodología lleva años discutiéndose, así que la tomo como señal, no como ley.

Lo que hago yo, y lo que te recomiendo pidas a cualquiera: empieza por la pieza que más duele, ponla a funcionar y úsala unas semanas antes de decidir la siguiente. En el sistema de reservas que monto, la primera versión reserva y confirma. Las fichas de cliente, los presupuestos previos y los avisos automáticos vienen después, cuando ya se ve cómo lo usa la gente de verdad.

Esto tiene dos ventajas. La primera, que lo que parecía imprescindible en la reunión inicial a veces no se abre nunca, y te ahorras pagarlo. La segunda, que si el proveedor no funciona, lo descubres habiendo gastado poco.

Hablamos de tu caso

Soy Kevin y desarrollo software a medida desde Vigo, también a distancia.

Cuéntame qué proceso te está comiendo el tiempo y te digo por dónde empezaría y qué se puede montar. Si veo que con conectar lo que ya tienes se resuelve, te lo digo, que suele ser más rápido y más barato.

Si prefieres empezar por ver números, tienes el diagnóstico gratuito en urdaia.com.


Fuentes

  • The Standish Group, CHAOS Report 2015 — tabla «CHAOS Resolution by Project Size», datos de 2011 a 2015 sobre unos 25.000 proyectos, con la definición «Modern Resolution» (a tiempo, dentro de presupuesto y con resultado satisfactorio). Las columnas de esa tabla suman 100 % cada una, así que reparten los proyectos exitosos, comprometidos y fallidos según su tamaño. La base de datos del Standish Group es privada y su metodología ha sido discutida en la literatura académica.
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